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Despedidas.

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LiliGrady's picture
on August 28, 2017 - 10:04pm

Siempre se me ha complicado mucho el decir adiós (o mejor dicho despedirme de alguien), por lo regular digo hasta luego o un simple "cuídate mucho". ¿Por que inicio explicando este punto? Simple: ese día (7 de Agosto) no quería irme.

No quise escribir acerca de lo que hice el día 6 ya que básicamente fue turistear, conversar, tener un orgasmo gastronómico con mole (una de mas mejores cosas que he comido en mi vida <3), escuchar música y admirar una bella ciudad desde las alturas y en la seguridad de una canasta.

La mañana del 7 de agosto se estaban acabando mis breves vacaciones y el día siguiente era hora de volver a mi realidad: el trabajo. Ese día fue mi cumpleaños y desde luego las felicitaciones por parte de mis padres y amigos no se hicieron esperar, fue un cumpleaños diferente por obvias razones pero igual de especial (o incluso más). Salí de la cama más por obligación propia que por ganas, tome un baño y me dirigí a desayunar con él y su tía. Para ser el primer cumpleaños lejos de mi familia fue muy bonito y especial, las mañanitas, una vela infinita, todo eso. El no pasaría la mañana conmigo porque tenía que ir a su trabajo, así que pasaría ese tiempo con su tía, visitando lugares que me faltaban por recorrer.

Salimos de su casa, paseamos por la ciudad, conocí arte, belleza y cultura en ese tiempo, fuimos a un museo con una gran colección de pinturas (de ahí viene la inspiración de #MujeresFuertes de la cual escribiré en otra entrada), compré mole en pasta (igual de exquisito que el que probé por primera vez) y una muñeca (Lili Milani). En total creo que pasamos 3 horas en el centro de la ciudad, hasta que se dieron las 12:00 y volvimos para acomodar mi maleta.

En el lapso entre las 12:00 y la 1:00 P.M. llegó una llamada importante, dicha llamada tuvo el poder para volver de donde nunca debí salir, pero en forma diferente (otra cosa de la cual escribiré más adelante), terminé la llamada y me dispuse a tomar un uber hacia la central de autobuses para volver a la CDMX y abordar el vuelo que me llevaría a mitad de camino a casa no sin antes despedirme de la señora tan amable que me había dado la oportunidad de alojarme en su hogar (estoy muy agradecida por su hospitalidad y atenciones), llegué a la central y me dispuse a escuchar música en lo que él llegaba. reflexionando y pensando mucho en todos esos momentos, deseando que los últimos minutos de mi estancia se hicieran eternos o que por algún milagro pudiera quedarme otro día más.

Evidentemente eso no pasó, el tiempo tenía que avanzar y mi hora de partir a casa había llegado. Lo vi entrar a la central, le dí un abrazo y nos dirigimos a comprar los boletos de autobús, por desgracia nos tocó en asientos separados, pero ese no era mucho problema, ya tendríamos tiempo de despedirnos en el aeropuerto. Esperando a que diera la hora de subir al autobús comencé a derramar algunas lágrimas, había olvidado lo difícil que es decir adiós o hasta luego a una persona tan importante, el lo notó y trató de alegrarme (funcionó un poco). Subimos al autobús y tomamos nuestros respectivos asientos, entre el camino hable por teléfono, escuché musica y me dormi, desperté entrando a la CDMX, dando breves vistazos a los alrededores y conociendo un poco más de esa ciudad.

Llegamos al aeropuerto y cada vez más se hacía presente el hecho de que tenía que partir, nos dirigimos a documentar mi maleta para poder acceder al vuelo, entre tanta gente esperando su propio viaje. Después de la documentación llegó la hora de despedirnos, caminando por el aeropuerto, viendo a las personas ir y venir, tomando fotos y platicando acerca de ese fin de semana que pasamos juntos, le pedí que escuchara una canción después de que me fuera (por cobardía, supongo) pero el me convenció para escucharla juntos. Dicho y hecho, escuchamos cada parte de la canción, esa melodía significa el viaje completo y lo que mi corazón guardaba desde hace mucho.

Hay una parte de la canción que dice:

"Cuando Menos
unos minutos serenos
merecemos
en un rincón
con mi espejo

Para vernos
y finalmente nos demos
en la soledad
Todo lo que nos debemos

Reconocernos
y por ultimo
por piedad
nos perdonemos"

Esa parte la interpreto como el mero hecho de vernos frente a frente y darnos la oportunidad de convivir juntos, de platicar sin necesidad de estar frente a un teléfono, de poder ver nuestros gestos sin recurrir a fotos, de escucharnos. Han sido casi 8 años de conocernos, hemos cometido muchos errores, nos hemos lastimado, pero al final seguimos en contacto, perdonándonos y sabiendo que siempre contaremos el uno con el otro a pesar de vivir lejos.

Llegó la hora, tenía que irme. Nos despedimos y por más doloroso que fuera tuve que decir "hasta luego" no tuve el valor de decir adiós (creo que nunca lo tendré) y al final de cuentas cumplió su promesa: me dio el primer beso de los 23 años, ese gesto de cariño en la frente, algo que jamás olvidaré.

Nos dimos el último abrazo y avance hacia la sala de espera, en ese momento se me ocurrieron un millón de escenarios en donde me ganaba la locura y me quedaba, quería hacerlo con todas mis fuerzas pero la cordura ganó e hice lo correcto, sabía que tenía cosas pendientes en casa, cosas que no debían de aplazarse ni mucho menos dejar de lado.

Me derrumbé al cruzar la puerta y conforme avanzaba a la línea de revisión las lágrimas caían y mis sollozos se hacían mas profundos, me dolía el no poder quedarme, el despedirme de alguien especial para mi, de saber que quizá no lo volvería a ver en mucho tiempo. La música en mis audífonos no ayudaba, canción que sonaba, canción que me recordaba el fin de semana. No había pasado ni 5 minutos de haberme ido y ya lo extrañaba demasiado.

Fue triste el estar sentada en a sala de espera, aguardando el momento para abordar el avión que me llevaría a Monterrey y teniendo en la cabeza cada uno de los recuerdos y de las cosas que hicimos, las platicas, las risas, todo. Subí al avión casi sin fuerzas, en el trayecto me concentre en ver una película y en parte la turbulencia ayudó a olvidar por un momento la razón de mi pesar.

El cambio en cuanto a clima de la CDMX a Monterrey fue brusco, pasé de 16° a 32° de un jalón, por lo mismo tuve que quitarme la sudadera que llevaba. Me dirigí hacia la central de autobuses para tomar el que me llevaría a casa y en cuanto llegué subí al otro autobús de Monterrey a Torreón. Ese fue el primer viaje que hice literal: completamente sola (no había ni un alma ahí arriba) dormí poco pero ese rato sirvió para tranquilizarme, para dejar de pensar en cosas tristes y enfocarme en lo que me esperaría la mañana siguiente en el trabajo. Para hacer sido un viaje de 4 horas no se me hizo tan pesado, así que en menos de lo que imaginaba ya estaba en la central de Torreón esperando a mis padres.

Llegaron por mi 10 minutos después de haber bajado del autobús, y en casa me dispuse a entregar los regalos que había comprado para cada uno y avisarle a él que ya estaba en casa. Solo quedaba una cosa por hacer: dormir y enfrentar a mi realidad la mañana siguiente.

Lo que no sabía es que mi vida iba a dar otro cambio a la mañana siguiente y tendría que aprender a lidiar con todo eso que venía aproximándose.

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Ese fue quizá uno de los días más tristes de mi vida, pero de todo eso aprendí muchas cosas y sobre todo realicé uno de mis más grandes sueños. No hay nada de lo que me arrepienta, al contrario estoy muy feliz de haber obtenido esa experiencia tan increíble.