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Día1

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De nuevo aquí escribiendo, no había tenido tiempo (la escuela y el trabajo me consumen) así que aprovechando este rato de quietud en la oficina, he vuelto a teclear. Hoy he decidido escribir acerca de mi fin de semana (5-7 de Agosto), debo decir que será algo largo pero detallado según mi perspectiva, así pues aquí vamos.

**********

Hace unos días (exactamente el 5 de agosto) inició la travesía de descubrir una ciudad diferente, pero ese no fue el motivo principal de ese recorrido; el motivo fue conocer a alguien importante para mí.

Todo empezó el sábado 5 de Agosto, cuando salí del trabajo emocionada con lo que se venía por delante, llegué hasta la central de autobuses para emprender el viaje de 4 horas rumbo a Monterrey. El viaje fue bueno aunque estuvo algo retrasado (como por media hora), viendo películas y pasando el rato durmiendo; casi para llegar a la central de Monterrey (a 30 o 40 minutos) hice un nuevo amigo: Aldo, el me contó que nació en Lerdo pero está becado en la Universidad Autónoma de Nuevo León y por lo tanto vive ahí.

En fin, llegué a la central y fue un camino casi cardíaco para tomar el siguiente autobús hacia el aeropuerto (ya de por si llegué tarde) llegando al autobús me sentía cansada de los pies, así que decidí usar mis pantuflas en lo que restaba del camino. Como era de esperarse perdí el vuelo, afortunadamente las personas de Interjet (muy amables, por cierto) me ayudaron a subir al siguiente vuelo pagando la diferencia y solo así pude documentar. Como el vuelo estaba programado a las 8:50 pasé el tiempo caminando por las salas, curioseando y explorando el lugar, así como también hablando con la persona que me esperaría a 704 km de distancia y a 54 minutos de tiempo.

El reloj marcó las 8:50 y tocaba el turno de abordar, debo decir que mi nerviosismo no se debía a la primera vez que volaba, si no por quien me iba a encontrar en la CDMX. El asiento del avión era cómodo (a diferencia de lo que dicen) y me tocó la ventanilla, no se apreciaba la gran vista (puesto que ya estaba algo oscuro) pero la experiencia fue la misma. Llamé a mi mamá para decirle los detalles del vuelo y escuchar su voz fue lo más tranquilizante del mundo, fue algo que realmente necesitaba. Intercambié los últimos mensajes con esa persona especial antes de que la sobrecargo nos diera la indicación de poner el móvil en modo avión.

El vuelo transcurrió tranquilo, no hubo turbulencias ni contratiempos, las sobrecargos me ofrecieron snacks para pasar el rato mientras veía una película en mi móvil (Batman: The Killing Joke) al mismo tiempo que cruzaba el cielo para llegar a la ciudad. El tiempo siguió su curso, el avión llegó a su destino y estaba listo para bajar a sus tripulantes, al descender yo trataba de estar tranquila sin demostrar nada de nerviosismo, pero el solo pensar que tendría en frente a esa persona me hacía temblar.

Los siguientes 25 minutos después de bajar del avión se hicieron eternos, el camino hacia las bandas para recibir las maletas, etc. En cuanto tome mi maleta recordé que traía las pantuflas puestas, así que decidí cambiarlas por mis sandalias y verme un poco más presentable.
Después de cambiarme el calzado salí de la sala de espera “A” rumbo hacia lo que me esperaba mas adelante, llevando mi maleta y mi nerviosismo al frente. Caminé un poco, volteaba a todos lados buscando a esa persona, hasta que lo reconocí: vestido de azul (mi color favorito), más alto que yo y de igual manera feliz.

Al momento en que nos encontramos frente a frente no pude evitar abrazarlo con todas mis fuerzas, tantos años esperando este momento que casi creía imposible, tantas cosas que pasaron para llegar hasta aquí, debo decir que fue uno de los momentos mas felices de mi vida; por un momento quise llorar, quise decir lo que tenía guardado pero supongo que ese abrazo lo dijo todo.
Después de 10 o 15 minutos abrazados decidimos avanzar hacia la terminal de autobuses, charlando acerca del largo viaje que ambos tuvimos, los inconvenientes que pasamos para llegar a ese momento, en fin, de todo. Subimos al autobús camino a Puebla, una ciudad completamente nueva para mi.

Cansada por los viajes decidí dormir un poco, entre sueño y sueño no dejaba de pensar en que eso era una fantasía, pero al despertar me di cuenta que era una realidad. Ya estando un poco más despierta volví a abrazarlo (después de tanto tiempo era lo único que quería hacer) y sin darme cuenta había recibido un beso suyo en la comisura de mis labios. Algo dentro de mí deseaba ese momento, lo anhelaba más que cualquier cosa, después de todo ¿Cuántas veces no había fantaseado con eso?.

Pasó, nos dimos ese beso que tanto tiempo había guardado en mi corazón, al final de cuentas era algo que no había podido evitar, quise llorar de felicidad pero me guardé ese sentimiento (después de todo no quería que se malinterpretara el llanto), lo he dicho y lo diré siempre.: esa persona es el más grande amor que he tenido, una persona sumamente importante para mi. Aunque ese beso fue lo que siempre había querido hacer, tuve un sentimiento de culpa. Si, lo deseaba con todas mis fuerzas pero a la vez sabía que era algo malo (por obvias razones) así que me aparté y continué abrazándolo.

Llegamos a Puebla a las 2:00 si mal no recuerdo, pedimos un Uber y nos dirigimos camino a su casa, escuchando la música de la radio y llenos de felicidad (al menos así me sentí), al llegar a su casa nos esperaba su tía, una señora muy amable, me saludó y me mostró dónde dormiría. Para finalizar me despedí de el, acordando la hora en que despertaríamos para salir a conocer la ciudad, no sin antes tener otro beso fugaz. Se había cumplido una de las fantasías mas grandes de mi vida, por fin lo había conocido.

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He de dejar este relato hasta aquí, ya que es algo tarde y tengo sueño. En fin, espero seguir escribiendo más acerca de esta experiencia de un fin de semana.